Zapatillas deportivas: el complemento de tu entrenamiento

Veamos pues las diferentes partes de las zapatillas deportivas, tu compañera inseparable de entrenamiento: el calzado para correr con normalidad está constitutido esencialmente sobre un refuerzo superior de nylon de varias capas superpuestas conjuntamente a un tejido de micro-rejilla que permiten la salida al exterior del calor.

· Refuerzo superior: Es la parte superior de la zapatilla o bamba. Generalmente se usa un material sintético que es transpirable, robusto y de poco peso. Sobre esta parte se presenta por lo general el logo del fabricante, cumple la función de ajuste y sujeción de la parte superior de la zapatilla al pie; sostiene los cordones, la lengueta y las estrías.

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· Media suela: es la parte de la zapatilla entre el refuerzo superior y la suela. Generalmente se producen usando Etileno Acetato de Vinilo (EVA) o bien Poliuretano (PU); en algunos modelos se incluye un sistema de amortiguación para mejorar la vida útil, la capacidad de impulso y la estabilidad de la zapatilla. Es ésta justamente la parte en la que se concentra la mayor parte de los esfuerzos de los fabricantes de zapatillas; de hecho, cada compañía ha patentado diferentes sistemas de amortiguación después de realizar cuidadosas investigaciones de campo o en laboratorios de biomecánica.

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· Contrafuerte: es la parte posterior de la zapatilla que cubre el talón y que controla su movimiento soportando las fuerzas de torsión que alcanzan la máxima intensidad al apoyar el pie sobre el terreno. Por esta razón se utilizan materiales resistentes y anti-abrasivos con un interior confortable. Asimismo, a menudo se hallan en esta zona estrías con el objetivo de aumentar la visibilidad del atleta. Esta parte es muy importante ya que es la que garantiza la resistencia necesaria al conjunto conformado por el refuerzo superior, la media suela y el contrafuerte.

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· Suela: su objetivo primordial es el de garantizar la tracción y un mejor agarre sobre el terreno.
Se emplean generalmente tipos de goma volcanizada, cristalinas o de carbono para las partes más sometidas a desgaste. Para las zonas donde éste es menor se emplean – también para la amortiguación – gomas más blandas. Además, pueden incluirse otros dispositivos para corregir defectos de apoyo del pie (pronación o supinación) o bien para mejorar la estabilidad (los cuales se incrustan y envuelven el talón controlando su movimiento).