La OMS (Organización Mundial de la Salud) y la FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations) en el año 1992 consideraron importante, entre otras campañas de educación para la salud, tutelar a los ciudadanos de los riesgos por la carencia de yodo.
La Sociedad española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y el Ministerio de Sanidad y Consumo han firmado un convenio para la realización y difusión de materiales educativos -carteles y folletos educativos- en los centros de salud de todo el país y la distribución de un informe técnico elaborado por el Grupo de Trabajo de TDY de la SEEN entre endocrinólogos y ginecólogos, con el fin de implantar las medidas preventivas necesarias en la población general y las mujeres en edad fértil, embarazadas o en período de lactancia.
Este convenio se inscribe en el contexto de una campaña de educación sanitaria emprendida por la SEEN cuyo fin último es el de implantar en nuestro país medidas dirigidas a erradicar los trastornos por déficit de yodo.
De esta manera el consumidor conoce el problema y tiene acceso en los supermercados tanto a la sal enriquecida con yodo como a la sal común.
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La cantidad de yodo aconsejada es de 100-150 microgramos al día, que muchas veces no se cubre con los alimentos, por este motivo una buena parte de la población puede considerar en riesgo de desarrollar una de las patologías tiroideas si no lo integra de alguna otra manera.
En las mujeres, en época de lactancia, se recomienda un aporte diario de unos 50 microgramas más respecto a los niveles normales para los adultos, para compensar la cuota de yodo que segrega con la leche.
Durante el embarazo se aconseja un plus de 25 microgramos/día, para tener cuenta de las exigencias para el desarrollo fetal. Si no se logran consumir las cantidades precisas de yodo con alimentos, el método más eficaz y económico es usar sal enriquecida con yodo en lugar de la sal comъn en la cocina.
Es importante recordar que la sal yodada es siempre sal, no hay que abusar de ella. De hecho, una elevado aporte de sodio en la dieta puede favorecer la hipertensión arterial y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y renales.
Numerosos estudios, han evidenciado que un elevado consumo de sodio está asociado a un mayor riesgo de tumor en el estómago, a más pérdidas urinarias de calcio y entonces, probablemente, a un mayor riesgo de osteoporosis.
Por lo tanto, reducir los aportes de sal puede ser una importante medida tanto curativa como preventiva para muchas personas.
Estudios recientes han confiramdo que un consumo medio de sal bajo los 6 gramos/día es la cantidad correcta para prevenir los riesgos asociados al sodio.
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